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lunes, 17 de julio de 2017

Una militante hasta el último minuto

A LOS CIEN AÑOS, MURIO FANNY EDELMAN, PRESIDENTA HONORARIA DEL PARTIDO COMUNISTA. Fue una activa luchadora por los derechos humanos. En 1934 se afilió al PC y llegó a luchar en la Guerra Civil Española.

Por Adriana Meyer
Página/12 - Miércoles, 2 de noviembre de 2011


Si la militancia ha cobrado un renovado vigor, de ella puede decirse que fue la militante eterna. Fanny Edelman falleció ayer en un hospital porteño por una afección en el hígado. Activa luchadora por los derechos humanos y presidenta honoraria del Partido Comunista, sus camaradas lamentaron su muerte “tras una exhaustiva trayectoria de luchas, cárceles, internacionalismo, solidaridad e intensa labor intelectual y política”. Página/12 la entrevistó en febrero pasado, en ocasión de cumplir cien años. Aquel diálogo había terminado con un amable pero firme “y ahora si me disculpa tengo una reunión”, tras lo cual Edelman partió. Sus restos serán cremados hoy a las 9 en el cementerio de la Chacarita, con una ceremonia de despedida.

Nacida Fanny Jabcovsky el 27 de febrero de 1911 –en San Francisco, Córdoba– en una familia de inmigrantes rusos, adoptó el apellido de su marido desde que comenzó su militancia, a los 23 años. Las inclinaciones corporativas y antisemitas del general José Félix Uriburu la llevaron a acercarse a un grupo de intelectuales de izquierda, entre los que se contaban Leónidas Barletta y Alvaro Yunque. Al tiempo que trabajaba en un taller textil y como maestra de música, concentró su actividad militante en la solidaridad con los presos políticos. En 1934 se afilió al Partido Comunista de la Argentina. Ese año, la brutal represión a la huelga minera en Asturias la encontró formando parte de una activa campaña de solidaridad. Y en 1937 viajó a España junto a su compañero, Bernardo Edelman, que era corresponsal de guerra. Allí integró el Socorro Rojo, luchó en defensa de la República y conoció a La Pasionaria. Ya como secretaria general de la FDIM (Federación Democrática Internacional de Mujeres, una organización creada luego del fin de la guerra) visitó a Dolores Ibárruri en su exilio en Moscú.

Tras su regreso en 1939 fue parte del movimiento de solidaridad con la República, del que participaron también Chile y Uruguay, que logró reintegrar a más de 3000 refugiados. Al finalizar la guerra, con un grupo de compañeras, Edelman impulsó la Unión de Mujeres de la Argentina (UMA), una organización de lucha por la paz, el trabajo, el salario, la salud y la vivienda. Trabajó allí durante 50 años y bajo su dirección esta entidad realizó importantes tareas con la ONU, Unesco, Unicef y la OIT. En 1972, en representación de la UMA, asumió la conducción de la FDIM e impulsó la creación del Día Internacional de la Mujer. Durante la dictadura llevó ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra el testimonio de cientos de familiares y víctimas del terrorismo de Estado.

Cuando ya se había convertido en una figura conocida en el ámbito internacional, participó de movimientos de apoyo a la Unión Soviética, China, Cuba, el gobierno socialista del chileno Salvador Allende y la revolución sandinista en Nicaragua. También estuvo en Vietnam y en varios países de Africa trabajando “por los derechos y reivindicaciones de los trabajadores y las mujeres”. En su extensa vida conoció a variadas personalidades, desde Antonio Machado y Miguel Hernández hasta los líderes soviéticos y del comunismo chinos, el Che Guevara y Fidel Castro. En marzo fue distinguida con la Orden José Martí, que confiere el Consejo de Estado de Cuba, y en esa oportunidad el presidente Raúl Castro se comunicó con ella para saludarla.

“América latina está preñada de revolución, en Bolivia, Ecuador y Venezuela hay cambios que no son revolucionarios pero son profundos, cambios que repelen al imperialismo norteamericano. Es posible radicalizar este proceso, la derecha neoliberal es un enemigo que crece para incivilizar. Hay una crisis civilizatoria de parte del gran capital, esa crisis quieren descargarla sobre nuestro continente, que hoy es el de la rebeldía”, había dicho en aquella entrevista con Página/12. Lúcida hasta su última hora, Fanny Edelman dirigía la cátedra libre de género y clase Alcira de la Peña, otra histórica militante del PC.



Página original: https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-180304-2011-11-02.html


domingo, 22 de febrero de 2015

Homenaje a Fanny Edelman y a los Brigadistas Argentinos en la fiesta del PCE el 17 de septiembre de 2010

En San Fernando de Henares (Madrid)

por Mª José Barreiro López de Gamarra
24 de septiembre de 2010 - Radio BCN Estación Mediterránea ABF

Fanny Edelman, argentina.
Ayuda internacional. Socorro Rojo.
Palabras de Fanny Edelman en el Acto por el 78 Aniversario de la II República Española (Foro La Guerra Civil Española):Este martes se cumplen siete décadas del motín fascista que disparó la Guerra Civil Española. Fanny Edelman, 95 años, recuerda los grupos internacionalistas que defendieron la República. Líster, La Pasionaria y otras figuras de la gesta.
El 18 de julio de 1936 el generalato fascista se alzó contra la Segunda República española. El general José Sanjur-jo, viejo conspirador, había fogoneado la asonada desde su exilio en Portugal mientras el general Emilio Mola, en Pamplona, daba los últimos toques al plan de acción. Francisco Franco abandonaba Canarias para ponerse al frente del que creían no iba a ser sino un golpe de mano. Los secundaban los generales Queipo del Llano, en Sevilla, y Manuel Goded, en Barcelona. Otro general, Joaquín Fanjul, se había parapetado en el cuartel de la Montaña, en el corazón de Madrid, aunque no podría resistir el sitio de las tropas leales a la República. Daba comienzo lo que sería una larga noche para los españoles y para Europa. Al mismo tiempo y muy a pesar de los confabulados, nacía uno de los relatos más bellos y heroicos del siglo XX: el que escribieron comunistas, anarquistas, socialistas durante los tres años de Guerra Civil. Fanny Edelman era una joven de 26, militante argenti-na del Socorro Rojo, cuando viajó a Barcelona para incorporarse, junto a su compañero Bernardo Edelman, a los grupos de internacionalistas que se sumaron a la defensa de la República. Hoy, con 95 años que no le impiden ir al teatro, al cine y a dar largas caminatas desde la sede de su partido en la calle Entre Ríos hasta el austero y cálido departamento de San Telmo, asegura que a pesar de los pesares, esos tiempos fueron los más felices. “Pasé momentos duros, descuidé en parte a mis hijos –reconoce–, pero, así y todo, no cambiaría mi historia por la de aquellos que sólo ven pasar la vida”.

–Vengo de una familia muy modesta, de San Francisco. Mi padre era obrero de los molinos Minetti y mi madre un ama de casa sacrificada, volcada a cuidar a los hijos. El era rumano y ella rusa. Yo tenía trece años cuando vinimos a Buenos Aires. Vivíamos en Tucumán y Gallo, a dos cuadras del Abasto. Soñaba con ser médica pero en aquella época eran los varones los que tenían la prioridad para estudiar. No pude entrar a la facultad, pero seguí con la música, que me gustaba mucho, después de mudarnos a Vicente López empecé a frecuentar gente muy interesante: Riganelli, Hebecquer, Alvaro Yunque, que me ayudó muchísimo con mis inquietudes sociales.
–Y las intelectuales, me imagino.
–Por supuesto, aunque mi padre era un gran lector y nos había educado en el amor a los escritores rusos. Como eran los años del golpe de Uriburu empecé a trabajar en solidaridad con los presos comunistas y anarquistas. Y me incorporé al Socorro Rojo. Fue allí que me propusieron afiliarme al Partido Comunista. Dije que sí, sin saber qué era el comunismo ni cuáles eran sus ideales y me llevó un tiempo comprender que la dictadura y las condicio-nes de vida del pueblo tenían una relación íntima. Esos años, ‘34, ‘35, ‘36 fueron determinantes para mi futuro: me había convertido en militante y había conocido al que sería mi compañero para siempre. Era periodista de La Van-guardia y lo habían echado porque no coincidía con la línea política de la dirección del Partido Socialista. Se fue con un grupo de izquierda y empezó a trabajar, como periodista también, en la Federación Nacional de la Cons-trucción, muy poderosa, como se demostró en la huelga general del ‘36. En ese mismo año, Bernardo Edelman y yo nos casamos. Al poco tiempo estalló la Guerra Civil Española y nos cambió la vida. Los argentinos y los grupos de italianos y españoles dimos origen a un movimiento solidario que adquirió una presencia enorme en el país, pese a la Sección Especial. Fue una labor increíble de ayuda material y política, comida, ropa, ajuares tejidos por las mujeres de aquí para los bebés que nacían en el bando republicano. Contábamos con el apoyo de Angel Gallardo, el embajador de la República Española, un católico militante a quien no le preocupaba que la ayuda proviniera de socialistas, comunistas y anarquistas. Fue en la Federación Nacional de la Construcción que mi compañero escuchó hablar por primera vez de las Brigadas Internacionales y resolvió, junto a un amigo, alistarse con ellas. Llegó a casa y me dijo “¿Qué te parece si me voy?”. Yo le contesté: “Nos vamos”.
–¿Viajaron solos?
–No, con nosotros iban españoles, búlgaros radicados en Comodoro Rivadavia, unos albaneses que vivían en la periferia y un periodista argentino cuyo nombre no me puedo acordar. Eramos diez o doce. En agosto o septiembre del ‘37 llegamos a Amberes. De Amberes nos fuimos a París, donde se coordinaba toda la acción solidaria mundial. Se palpaba el despertar antifascista que, de todas formas, no empezaba con la República Española: ya en el ‘33, Henri Barbusse, Romain Rolland, Thomas Mann y el propio Einstein habían convocado a una reunión de intelectuales alertando sobre el peligro que representaba el nazismo en Alemania. Por esos días, en París se había inaugurado la Exposición Internacional y como teníamos un rato fuimos. Nos encontramos con el Guernica, una obra impresionante, imponente. Ahí, en París, nos arreglaron los papeles, la entrada a España por Perpignan y el destino final, en Madrid. En Madrid tomé contacto con las milicias populares, germen del ejército popular que unificó las guerrillas, porque hasta ese momento cada uno tenía su dirección y era imposible garan-tizar la defensa de Madrid.
–¿A quiénes reportaban?
–Yo al Socorro Rojo y él a la Unión de Juventudes Socialistas. El representaba al Movimiento de Solidaridad con España, que editaba La Nueva España, una publicación con una tirada de sesenta mil ejemplares. Mi compañero era el corresponsal en los frentes de guerra. El Socorro Rojo tenía como tarea fundamental abastecer las necesi-dades de las tropas, la distribución de alimentos, ropa, calzado y la atención a los familiares de los combatientes. La política de ingleses, franceses y norteamericanos fue de una perfidia inimaginable. Hasta tal punto que, cuando salimos de España, la carretera hacia París estaba colmada de pertrechos que el gobierno francés no había dejado pasar.
–Si tuviera que elegir una figura de la Guerra Civil...
–Las figuras femeninas más relevantes fueron, sin duda, Pasionaria, Federica Montseny y Margarita Nelken. Ten-go, en lo personal, un gran recuerdo de Pasionaria. Para mí fue la gran protagonista de ese proceso, su palabra erizaba la piel, era tan grande su voluntad de transmitir a los soldados, al pueblo, la certeza de los ideales, la justeza de la lucha... Y la entrega. Una entrega total. Fue para mí la más grande, incluyendo a Negrín. Después la cultivé a Dolores, en la Federación Democrática Internacional de Mujeres, cuya secretaría ejercí a partir de 1972 y después de su exilio de Madrid. Tenía tanto dolor, tanta nostalgia de España, tanto deseo de no morir antes de volver a su patria. Lo consiguió, pero dejó un hijo, Rubén, que murió en la batalla de Stalingrado. Nunca pudo superar su muerte, la tocó profundamente, fue terrible para ella, aunque Pasionaria ya había perdido otros cuatro hijos, de hambre, anemias y enfermedad en Asturias. De los seis hijos que tuvo, al final le quedó sólo Amaya, que está ahora dirigiendo la Fundación Dolores Ibárruri en Madrid. A mí me maravillaba la fuerza de su palabra... La recuerdo hablando en un mitin, en París. La gente la aplaudía, la vitoreaba aunque no entendía el castellano, se emocionaba como si hablara en francés. Aquel fue un período determinante para mi vida y la de mi compañero.
–¿Y las Brigadas Internacionales, Fanny?
–Las Brigadas fueron, a mi juicio, una de las manifestaciones más altas de la solidaridad humana. Al frente esta-ban los dirigentes de los partidos socialistas y comunistas que huyeron de las dictaduras nazis y fascistas. Estaban Togliatti, al que en España conocíamos como Ercoli; Luigi Longo, que, aunque no recuerdo muy bien, creo que fue uno de los coordinadores de las actividades de las Brigadas; Hans Beimler, un alemán diputado del Reichstag, que murió en combate. En un viaje que hice a Europa, les dije a mis compañeros que quería visitar su tumba. Yo sabía que estaba enterrado en Montjuich. Bajé en Barcelona y busqué su sepultura, pero no la encontré. Conocí también a Antonio Prado, que en 1938 convocó una gran campaña de invierno del Socorro Rojo. Hacía un frío espantoso y los combatientes no tenía ropa ni calzado suficientes para soportar esas temperaturas. Resultó conmovedora la reacción del pueblo; la gente se desprendía de sus propios abrigos, de sus propios zapatos para mandarlos al frente.
–¿Conoció a Santiago Carrillo en esos días?
–Sí, Carrillo estuvo aquí, clandestino, una vez terminada la guerra.
–¿Y a Santiago Alvarez, que según creo fue fundador del Quinto Regimiento?
–Claro que lo conocí. Santiago era el presidente del Comité de Amigos de las Brigadas Internacionales. Fue uno de los fundadores del Quinto Regimiento, pero el jefe era Enrique Líster. El comisario político era Carlos, Carlos Contreras le llamábamos, aunque su verdadero nombre era Vittorio Vitali, secretario del Partido Comunista de Trieste, un personaje muy interesante, un hombre de una enorme cultura y de una enorme inteligencia, que nos enseñó a comprender cosas que todavía no teníamos del todo claras y me enseñó a leer entre líneas. Yo trabajé con María, su compañera, maravillosa, modestísima, de una gran capacidad intelectual. Ella era una de las dirigen-tes del Socorro Rojo. Años más tarde, leyendo una revista, me enteré que María había muerto en un taxi, yendo a una consulta con el médico. Y aunque le parezca mentira, recién allí, en 1942, supe que mi querida y admirada “María” era Tina Modotti.
–¿Abandonaron Madrid antes o después de la caída?
–Antes. Después nos trasladamos a Valencia porque el gobierno se había establecido ahí y luego, siempre junto al gobierno, a Barcelona. El viaje de vuelta fue muy doloroso. Regresé a España después de la muerte de Franco y en el ‘96, convocada por los Amigos de las Brigadas, y pasé por Gernika. El árbol había florecido. Era otra España. Aquella del ’36 no existía más. Esa historia había sido sepultada, ocultada. Pensé mucho en una com-pañera del Socorro Rojo, Matilde Landa, pertenecía a una familia muy rica, de la alta burguesía. La familia huyó y ella resolvió quedarse. Fue capturada y ejecutada. En fin... ¡ese famoso Pacto de la Moncloa! Ese Pacto fue una responsabilidad de todos los partidos, incluido el Partido Comunista de España, que se adhirió a esa falsificación.
–¿Cuáles fueron sus tiempos mejores?
–Es muy difícil. Pero dentro del horror de la guerra fueron felices los años de la Guerra Civil, muy felices porque me dieron tanto, aprendí tanto, me identifiqué tanto con aquella causa que hasta hoy me siento parte de es pueblo, sigo las cosas de España, sufro por lo que les pasa.
–¿Si pudiera, qué borraría de su historia?
–Nada. No me arrepiento de nada. Me he equivocado, pero no me arrepiento de nada. Pasé momentos malos, sombríos, descuidé quizás a mis hijos, pero tenía poderosas razones.
–¿Se lo reprocharon?
–Alguna vez, sí, alguna vez. Pero mire, yo viví una tragedia muy grande. En un viaje que hicimos de Mendoza volcó el auto que manejaba mi marido. Quedó parapléjico. Tenía treinta y ocho años. Fueron veintidós años en esas condiciones. Hubo que remontar la situación, mantener la unidad del hogar y convencerlo de que la vida no se había terminado, que la vida exigía y seguía; había que lograr que saliera a la calle en su sillón de ruedas y terminara su interrumpida carrera de abogado; había que lograr que trabajara como abogado. Mi hija tenía ocho años y mi hijo tres. En esa etapa, él insistió para que yo no dejara la actividad. Mi rol de madre quedó en parte a cargo de una compañera catalana que estaba exiliada aquí. Pero éramos tan amigas, compartíamos tantas cosas, lo hizo con tanto amor que creo que casi no sintieron esa sustitución. Además, fueron enormemente solidarios, defendieron a su padre y me defendieron. Estoy muy orgullosa de mis hijos.
–A usted le gusta la música, ¿cuál es su canción preferida?
–...“La Internacional”.
–Y también le gusta la literatura, ¿a quiénes relee?
–A Lorca, a Hernández, a Vallejo, a Miguel Angel Asturias, a Paul Auster.
–¿A quiénes reconoce como maestros?
–A Marx, a Engels, a Lenin.
–¿Un día de felicidad?
–El día en que me afilié al Partido Comunista.

Link original: http://agenciabarreiroforever.blogspot.com.ar/2010/09/homenaje-fanny-edelman-homenaje-fanny.html


jueves, 28 de agosto de 2014

Cien años de vida y de lucha: Fanny Edelman

Jerónimo Boragina
Licenciado en Historia
Mar del Plata


Fanny Edelman
“…Nunca el viento dio
a una bandera más pasión
ni ardió mas grande un corazón
al par de un mismo pensamiento…” 
(R. Alberti)


¿Quién no la mira? ¿Quién no la escucha? Esta mujer nacida en Córdoba que cumple 100 años el 27 de febrero será recordada por muchas cosas más que simplemente por la edad.
El teatro Cervantes –de la ciudad de Buenos Aires- el pasado 24 de noviembre estaba repleto de gente para contemplar y escuchar su viva voz. Como en aquella entrevista que le realicé en el 2005 en su departamento de San Telmo y en el que extraigo varios comentarios para esta historia.

Los inicios de su vida
Sus padres de origen ruso y rumano llegaron a principios de siglo y se conocieron en la provincia de Córdoba, donde tuvieron tres hijos. Fanny Jabcovsky –más conocida como Fanny Edelman- nació en la ciudad de San Francisco en 1911 y cursó la escuela primaria en dicha localidad.
De familia humilde, el padre trabajaba de telegrafista, comerciante y cosía junto a su madre para contribuir con las necesidades del hogar. Esta situación llegaría al límite cuando pierde el trabajo de telegrafista en Córdoba y decide mudarse a General Belgrano en la provincia de Buenos Aires.
A pesar de tener ascendencia judía, conoció más a fondo el rito cristiano ya que en el último año de la escuela se hizo amiga de una compañera católica que tocaba el órgano en la Iglesia, y que compartían el gusto por la música.
Luego de mudarse la familia a la ciudad de Buenos Aires, Fanny ingresa al Conservatorio Nacional para continuar sus estudios en música e investigación folklórica.
A todas sus lecturas de la literatura universal y marxismo, heredadas por el interés paterno en las cuestiones, surgen los primeros recuerdos que marcan su subjetividad, y uno de ellos es la participación de los padres en 1921 en la campaña de ayuda a los hambrientos del Volga. De ahí en más, su hogar siguió las luchas populares como propias y los padres la llevaban a actos y mítines. A pesar de haberle preocupado las cuestiones sociales, no pudo estudiar ya que debió cederles el lugar a sus hermanos varones, como ocurría en la mayoría de los casos como un mandato más de la opresión que debían vivir las mujeres a principios de siglo.
A los 14 años comienza a trabajar en un taller textil y lo seguirá haciendo como maestra de música ayudando a su familia, pero sin perder de vista las cuestiones sociales y lo que comenzaba a ocurrir con el golpe de Estado de 1930 de la mano del General Uriburu.

Luchar contra la injusticia
Ya viviendo en Vicente López y con la picazón de la injusticia y la ansiedad de hacer algo con todo lo que ocurría con la dictadura de Uriburu, comenzó a juntarse con un grupo de artistas en casa de Fabio Hebequer. Los debates sobre arte e ideología junto a Leónidas Barletta, Álvaro Yunque y otros, fueron enriqueciendo su conocimiento; aunque Fanny siempre destaca que el haberlo conocido a su esposo en una exposición de pintura de Hebequer fue lo que le cambio la vida. Bernardo Edelman le comentó que en el Partido Comunista encontraría respuesta a sus inquietudes, y así fue como se afilió en 1934. El primer destino fue el Socorro Rojo Internacional, y nada menos que a la ayuda de los presos políticos victima de la dictadura represiva iniciada en 1930 por el General Uriburu y continuado por Agustín P. Justo. De inmediato surge el recuerdo de entre sus palabras de cientos de militantes rusos, polacos, yugoeslavos, búlgaros que estaban argentinizados y que sufrieron la persecución con la Ley de Residencia obligándolos a volver a sus países de nacimiento, con el fascismo esperándolos.
El afiliarse ya requería entrar en acción, y la primer tarea era la solidaridad con España. En 1934 un gran movimiento revolucionario se expande en Asturias, donde son muertos decenas de obreros y desde Argentina se crea el PEAVA (Patronato Español de Ayuda a las Victimas de Asturias)(1) donde enviaban alimentos y ayuda material a las familias de los presos y muertos por la represión comandada por el General Franco. En estos momentos ya había alrededor de 80 células barriales del partido actuando en las campañas de solidaridad que surgían.
Todo el trabajo de solidaridad comenzaba a darle un protagonismo pocas veces visto a la mujer argentina, y el Socorro Rojo era una oportunidad ideal para trabajos de logística y de apoyo material y psicológico para los presos militantes.
Pero, ¿como empezó su compromiso con la causa del pueblo español?
El 17 de julio organizaron una fiesta en la casa de un dirigente socialista, el Dr. Augusto Bunge. Numerosas chicas y muchachos disfrutaban de la música en un hermoso parque hasta que la Sección Especial de la policía irrumpió en el lugar. Fueron todos trasladados a la seccional de La Plata y luego de pasar la noche en ese lugar los abogados del partido liberaron a todos los jóvenes. Al regresar en tren, Fanny escucharía por primera vez sobre el alzamiento del General Franco en España, era el 18 de julio de 1936. Así comenzó una de las etapas más importantes para cientos de militantes del Partido Comunista y que dejó huellas para todas las generaciones venideras.

Fanny en España
A fines de año se casó con su compañero Bernardo después de participar en una gran huelga del gremio de la construcción y de las incipientes colectas a favor de la República Española. Luego no hubo descanso, ya que aparte de la reciente FOARE (Federación de Organizaciones de Ayuda a la República Española), en marzo de 1937 crearon el Comité Pro Huérfanos de España, que contaba con 150 comités. Fanny lo recuerda como: “…la primera organización femenina de masas que irrumpió en el escenario político del país…”.
Pero a medida que varios compañeros partían para España, les surgió el ímpetu de entregarse a la causa pero en tierra española. El pasaje de Bernardo lo pagó la Federación Obrera de la Construcción, y el de Fanny las colectas de amigos y con sus propios ahorros. Ya llegados a España en Septiembre de 1937 con otros camaradas, Bernardo se dedicó a pasar notas a los periódicos para los cuales trabajaba como “La Nueva España”, y a Fanny la asignaron al Socorro Rojo para trabajo de intendencia detrás de las trincheras donde tuvo trato con Lister, Modesto y El Campesino. El recuerdo del heroísmo y sacrificio de centenares de soldados, en la batalla, bajo el frío, y su relación con Matilde Landa, Tina Modotti, Miguel Hernández que iba a relatar poesía al frente de batalla, Rafael Alberti con las campañas de alfabetización para soldados y campesinos, y Antonio Machado quien colaboró con ellos durante la campaña de invierno. Todo ello formó un gran espíritu batallador.
Los compañeros de las Brigadas Internacionales, muchos de ellos compañeros de Argentina como Emilio Cairo, Salomón Elguer, Belloqui y tantos otros, compartieron el mismo fervor y trabajo en tierra española. Otro camarada nacido también en Córdoba(2) en 1911 tuvo una de las actuaciones más importantes en la guerra española, lo llamaban Comandante Ortiz y su nombre era Benigno Moschfkowsky.
Cuando en marzo el Ejército fascista dividió el territorio republicano, los Edelman viajan a Barcelona para continuar con sus tareas, aunque en abril debieron dejar España para volver a nuestro país. Desde Argentina había sido reclamado Bernardo por los dirigentes del Partido Socialista, y unos meses antes le llegaba la noticia a Fanny mientras estaba en Valencia que su madre había muerto.
El regreso al puerto de Buenos Aires el 2 de mayo de 1938 en el barco Jamaique, siempre es recordado con mucha pena por Fanny; ella hubiese querido quedarse “hasta el final” junto al pueblo español, pero otra etapa comenzaba ayudando desde el otro lado del Atlántico a la causa popular. La FOARE, El Comité pro Huérfanos Españoles y la Junta de Ayuda a las víctimas de la guerra española eran el hogar de Fanny durante mas de 10 horas por día, coordinando y manteniendo el esfuerzo cotidiano en la victoria y en la esperanza de salvar cada vez mas vidas a la hora de asumir la derrota en marzo del 39.
El camino de esta mujer había sido sellado a fuego por la experiencia española, y la tragedia personal sufrida por su compañero quedando parapléjico años después, no la aparto de las causas del pueblo.

Una vida dedicada a la lucha
Luego vendrían otras campañas internacionalistas, como la de la URSS cuando la Segunda Guerra Mundial, con China, Portugal, Nicaragua, Vietnam y el apoyo a Allende en Chile. Desde la Unión de Mujeres Argentinas, hasta la FEDIM (Federación Democrática Internacional de Mujeres) batalló por los derechos de las mujeres, y los trabajadores que soportaban el peso de las dictaduras nacientes en América Latina.
En definitiva, no es casualidad que Fanny Edelman sea la presidenta del Partido Comunista Argentino en la actualidad, como tampoco lo es que haya sido voluntaria en la lucha contra el fascismo. A diferencia de lo que pensaron algunos, el modelo de estudio para la lucha revolucionaria tanto para el Partido Comunista, como para su juventud (la FEDE), nunca fue el foquismo o la vertiente guerrillera, sino la guerra civil española. La visión partidaria fue que el Frente Popular Español perdió el conflicto en 1939 por falta de oficialidad y suboficialidad dentro del Ejército Republicano, por lo que el estudio de la guerra civil y la preparación de cuadros fue una prioridad durante muchos años.
Fanny Edelman
Tampoco es casualidad que en los últimos 10 años se hayan hecho tantos actos o aniversarios en relación con la República Española, las Brigadas Internacionales o el golpe de Estado de 1936 en España. En enhorabuena esta merecida convocatoria en representación de cientos de argentinos que participaron defendiendo la libertad junto al pueblo español y en la que Fanny tuvo un papel preponderante difundiendo el corazón de la lucha española durante años.
No alcanza con hacerle homenajes a Fanny, pero como hacer para no mirarla y escucharla. Quizás, lo mejor sea tenerla en nuestro recuerdo, en nuestra memoria y que la tengamos presente como el mejor ejemplo de solidaridad internacionalista.


Notas:
(1) Al comienzo el PEAVA se relacionaba con la campaña de Asturias y luego por lo que indica Fanny, resurge con el comienzo de la Guerra Civil Española, cambiando su el significado de su ultima letra por Antifascistas.
(2) Si bien Fanny vivió pocos años en Córdoba, cabe destacar que fue una de los más de 20 voluntarios cordobeses que participaron en la Guerra Civil Española, algunos obteniendo altas graduaciones como Teniente y Comandante.


Bibliografía
Entrevista realizada a Fanny el 3 de diciembre de 2005.
Gonzalez, L.; Boragina, J. (coord); Sommaro, E.; Dorado, G.; Voluntarios de Argentina en la Guerra Civil Española. Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación, 2008.
Edelman, Fanny. Banderas, Pasiones, Camaradas. Buenos Aires, Dirple, 1996.

Cordobeses en la Guerra Civil Española

A pocos meses de producirse el levantamiento militar contra el gobierno de la República española, una importante cantidad de voluntarios extranjeros viajó para enrolarse en las milicias, brigadas y unidades pertenecientes al bando republicano, además de participar en agrupaciones civiles, juveniles, sindicales, universitarias y sanitarias.

Por Diego Naselli Macera (*) - Exclusivo para Comercio y Justicia

Entre estos extranjeros se contaba un gran número de latinoamericanos provenientes de Cuba, México y Argentina que llegaban a través de la frontera francesa.

Con documentos y pasaportes falsificados, muchos argentinos pudieron sortear el estricto control de los guardias fronterizos franceses para ingresar en territorio republicano y apoyar al gobierno en su enfrentamiento contra el levantamiento rebelde. Entre estos voluntarios argentinos se contaba un destacado número de cordobeses que se marchaban de nuestra provincia para luchar a favor de la legalidad gubernamental y contra el fascismo internacional.

Capitán José María Frontera
Uno de ellos fue el ex capitán del Ejército Argentino José María Frontera, quien llegó a España a principios de 1937 y se convirtió en consultor militar de José Miaja, general republicano y encargado de la defensa de Madrid, además de participar activamente en el sector de Guadalajara y en otros frentes de guerra. Afiliado al Partido Comunista Argentino (PCA), el capitán Frontera había dirigido un movimiento contra el presidente argentino general Agustín P. Justo en 1933 y, debido a su fuerte compromiso en la lucha contra el autoritarismo y el fascismo, fue reclutado por un destacado miembro del PCA, Carlos Dujovne, en Córdoba, para viajar a España y permanecer casi un año participando del recientemente conformado Ejército Popular.

Otro de los reclutados en Córdoba fue el estudiante de medicina Luis Corach, quien una vez en España se enroló en las Brigadas Internacionales y luchó por la República hasta que los brigadistas debieron marcharse de Barcelona. De regreso en Argentina, Corach se convirtió en tisiólogo y sanitarista, llegando a ocupar la dirección técnica del Hospital de Clínicas dependiente de la Universidad de Buenos Aires, en 1964.

También viajó a España a inicios de 1937 el médico psiquiatra Gregorio Bermann, quien había sido destituido de su cátedra en la Universidad Nacional de Córdoba por su solidaridad con el psicólogo Aníbal Ponce, expulsado del ámbito universitario por su adhesión al comunismo.

Médico Gregorio Bermann
Para ayudar a los combatientes republicanos, Bermann, acompañado por los médicos cordobeses Bernardo Serebrinsky y David Ostrovsky, organizan la Misión Médica Argentina que se instaló en el Hospital de Chamartín de La Rosa, en Madrid, para atender a pacientes con neurosis de guerra. Además, el médico psiquiatra mantuvo contacto con importantes líderes republicanos como Francisco Largo Caballero, José Miaja, Dolores Ibárruri -“La Pasionaria”-, entre otros, y brindó conferencias sobre psiquiatría a médicos, maestros y estudiantes españoles, hasta que decidió regresar a Córdoba a principios de 1938 luego de un recorrido por centros psiquiátricos de Suiza, Bélgica, Francia e Inglaterra para dar conferencias y entrevistas con el objetivo de pregonar la causa republicana.

Entre los integrantes de la Misión Médica también se encontraba Guillermo Delgado, un estudiante universitario cordobés que llega a España representando a la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) y a la Federación Universitaria Argentina (FUA).

Inmediatamente Delgado se pone en contacto con la juventud y el estudiantado españoles incorporándose como secretario de propaganda en el comité ejecutivo de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos (UFEH) y, mientras participaba en la organización de un congreso latinoamericano de estudiantes a realizarse en Valencia, escribía extensos artículos para los periódicos Córdoba y Crítica. El cordobés fue uno de los últimos argentinos en retirarse de España y acompañó a sus compatriotas cuando éstos fueron internados en el campo de concentración francés de Saint Cyprien.

Fanny y Bernardo Edelman
Entre las mujeres voluntarias se encontraba la militante comunista nacida en San Francisco (Córdoba) Fanny Jabcovsky –conocida como Fanny Edelman-, quien junto a su esposo, Bernardo Edelman, arribaron a España en septiembre de 1937. Determinados a apoyar la República en su lucha contra los generales golpistas, Bernardo Edelman se convirtió en corresponsal del periódico argentino La Nueva España e ingresó a la Juventud Socialista Unificada (JSU), mientras Fanny Edelman pasaba a formar parte del Socorro Rojo Internacional (SRI) como enfermera, en Madrid. Luego ambos se trasladan a Barcelona para realizar diferentes actividades en la retaguardia republicana, hasta que regresaron a Argentina en mayo de 1938, desde donde continuaron trabajando para ayudar al pueblo español.





El “comandante Ortiz”
Benigno Mochkofsky alías
"Comandante Ortiz"
Sin embargo, el cordobés que más se destacó en el conflicto español fue Benigno Mochkofsky, un obrero y delegado de la Internacional Comunista que combatió para el bando republicano bajo el seudónimo de «Comandante Ortiz». Estuvo en España desde 1934 como integrante del SRI y, apenas iniciada la Guerra Civil, se incorporó al 5º Regimiento como comandante y participó activamente en la conformación del Batallón Thaelmann, ingresando al Ejército Popular para comandar la XXIV Brigada. Siempre al frente de su tropa, el Comandante Ortiz participó en la defensa de Madrid y combatió en Talavera de la Reina, Toledo, Jarama, Brunete y el Ebro hasta la caída definitiva de Cataluña. Con la derrota de la República, Mochkofsky junto con otros argentinos debió cruzar los Pirineos hacia Francia, donde fueron internados en Saint Cyprien. Liberado del campo de concentración, regresó a Argentina en 1940 para trabajar como obrero metalúrgico, pero fue encarcelado junto a otros 250 militantes comunistas en la isla Martín García, entre 1944 y 1945.

Estos voluntarios cordobeses que marcharon a luchar por la República española lo hicieron a partir de su fuerte compromiso antifascista y para defender al pueblo de la rebelión militar. Pero no fueron los únicos: también marcharon desde esta provincia otros republicanos, comunistas, socialistas y anarquistas que vieron en España la necesidad de detener el avance del fascismo y el autoritarismo que luego conduciría a la Segunda Guerra Mundial. Es por ello que, a casi 75 años del fin de la Guerra Civil española, es importante rescatar a estos luchadores de la libertad.

* Licenciado en Historia. Ex docente de la cátedra de Historia Antigua de la Escuela de Historia de la UNC.

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