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miércoles, 11 de marzo de 2015

Cuando había héroes

GRACIELA MOCHKOFSKY: TIO BORIS. El retrato de un militante de ley, los vaivenes del Partido Comunista argentino y los avatares de la Guerra Civil Española confluyen en una investigación que no desdeña el tono de la novela negra.

Por Sergio Kisielewsky - Página/12
DOMINGO, 23 DE JULIO DE 2006

Tío Boris
Graciela Mochkofsky
Sudamericana
269 páginas.

Cuentan los viejos militantes de la Federación Juvenil Comunista que en la década del 60, al ingresar a la política, oían hablar de los actos heroicos de Boris, como se llamaba al militante Benigno Mochkofsky, quien había sido torturado en la cárcel de Ushuauaia y pasado por un campo de reclusión en la isla Martín García. Por cierto no es el mismo relato que escuchó Graciela, su sobrina nieta, autora de una comprometida biografía sobre Timerman, durante una sobremesa en la casa familiar donde salió el disparador: “Por qué no escribís sobre tío Boris?”.

Es allí donde la periodista pone manos a la obra y reconstruye una época histórica donde se cruzan los años de la lucha contra el fascismo, el ascenso de Hitler y la inminencia de la Segunda Guerra Mundial. El libro, en consecuencia, atraviesa un campo de batalla: el de la Guerra Civil Española.

Boris nació en 1911 y murió en 1975. Era pelirrojo, fumaba habanos gruesos y trabajó en el puerto y en la industria metalúrgica. Participó en huelgas y creó organizaciones sindicales. Estuvo preso en condiciones humillantes en el penal de Ushuauaia durante la dictadura de Uriburu.

Con el tono, por momentos, de la mejor novela negra y con un sostenido suspenso, Graciela Mochkofsky va atando cabos sobre la historia del Partido Comunista argentino. Para ello entrevista a dirigentes y militantes, tarea nada sencilla según se va revelando en la trama, y se acerca a los testimonios teniendo muy presente el subtítulo del libro: un héroe olvidado de la Guerra Civil Española.

Prácticamente de la nada se va construyendo un itinerario que toma lo mínimo y lo máximo, desde el lechero escuchando las reuniones políticas hasta la llegada del peronismo al gobierno, todo suma al retrato de época.

La obra se interroga sobre el sentido del heroísmo y aún más, da luz sobre uno de los personajes más enigmáticos del comunismo argentino: Victorio Codovilla. Su descripción es todo un punto de referencia. “Codovilla ya tenía la cara rechoncha, una cintura de tonel y un apetito que ninguna comida saciaría. Hizo un hábito de fumar en pipa y llevar consigo un bastón, con el que propinaba golpizas a sus rivales anarquistas.”

Codovilla fue testigo de los primeros años de la Revolución Rusa, lo que marcó a fuego su visión del mundo. Estaba en Moscú en 1925 cuando se desplazó a Trotsky del Comisariado de Guerra y “reducido a ejecutar tareas menores”. Vio de cerca la lógica del poder stalinista, el mismo poder que lo envió a crear el Partido Comunista en España. Es allí donde su historia confluye con la de Tío Boris.

Graciela Mochkofsky viajó a España y hurgó en viejos archivos secretos, aplicando una lupa desprejuiciada sobre los orígenes de la Guerra Civil Española. En especial sobre la correlación de fuerzas políticas antes de la llegada de Franco y el nacimiento de las Brigadas Internacionales que dirigía el belga André Marty. A los veintidós años, Boris llega a España. Se acercó a los comunistas y en poco tiempo pasó de ser integrante de los grupos de autodefensa a comandante del Quinto Regimiento del Ejército Popular. A partir de este punto, Tío Boris da un salto más, contando cómo un intento de golpe de Estado fascista conduce al país a una guerra civil que duró tres años y causó más de un millón de muertos.

En cada relato de guerra se potencia la información sobre los hechos.

Allí se encuentra la “ayuda” alemana a Franco y las responsabilidades de los gobiernos de Occidente ante la devastación y el martirio en la tierra de Antonio Machado. También circulan los relatos de la batalla del Ebrocon los brigadistas de Lister cantando en seis lenguas “La Internacional” y el coraje derramado en la defensa de Madrid. El “No Pasarán” está presente en el libro, documentado y con las venas abiertas en cada batalla que se libra.

En cada párrafo se advierte el rigor de una investigadora junto al vuelo de una escritura en clave de ficción. Entre la saga familiar, las alegorías y las banderas antes y después de los combates, Tío Boris indaga en las causas por las que miles de hombres y mujeres dejaron de ser ellos para ir al encuentro de las epopeyas colectivas.

Link original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-2167-2006-07-24.html



jueves, 28 de agosto de 2014

Cordobeses en la Guerra Civil Española

A pocos meses de producirse el levantamiento militar contra el gobierno de la República española, una importante cantidad de voluntarios extranjeros viajó para enrolarse en las milicias, brigadas y unidades pertenecientes al bando republicano, además de participar en agrupaciones civiles, juveniles, sindicales, universitarias y sanitarias.

Por Diego Naselli Macera (*) - Exclusivo para Comercio y Justicia

Entre estos extranjeros se contaba un gran número de latinoamericanos provenientes de Cuba, México y Argentina que llegaban a través de la frontera francesa.

Con documentos y pasaportes falsificados, muchos argentinos pudieron sortear el estricto control de los guardias fronterizos franceses para ingresar en territorio republicano y apoyar al gobierno en su enfrentamiento contra el levantamiento rebelde. Entre estos voluntarios argentinos se contaba un destacado número de cordobeses que se marchaban de nuestra provincia para luchar a favor de la legalidad gubernamental y contra el fascismo internacional.

Capitán José María Frontera
Uno de ellos fue el ex capitán del Ejército Argentino José María Frontera, quien llegó a España a principios de 1937 y se convirtió en consultor militar de José Miaja, general republicano y encargado de la defensa de Madrid, además de participar activamente en el sector de Guadalajara y en otros frentes de guerra. Afiliado al Partido Comunista Argentino (PCA), el capitán Frontera había dirigido un movimiento contra el presidente argentino general Agustín P. Justo en 1933 y, debido a su fuerte compromiso en la lucha contra el autoritarismo y el fascismo, fue reclutado por un destacado miembro del PCA, Carlos Dujovne, en Córdoba, para viajar a España y permanecer casi un año participando del recientemente conformado Ejército Popular.

Otro de los reclutados en Córdoba fue el estudiante de medicina Luis Corach, quien una vez en España se enroló en las Brigadas Internacionales y luchó por la República hasta que los brigadistas debieron marcharse de Barcelona. De regreso en Argentina, Corach se convirtió en tisiólogo y sanitarista, llegando a ocupar la dirección técnica del Hospital de Clínicas dependiente de la Universidad de Buenos Aires, en 1964.

También viajó a España a inicios de 1937 el médico psiquiatra Gregorio Bermann, quien había sido destituido de su cátedra en la Universidad Nacional de Córdoba por su solidaridad con el psicólogo Aníbal Ponce, expulsado del ámbito universitario por su adhesión al comunismo.

Médico Gregorio Bermann
Para ayudar a los combatientes republicanos, Bermann, acompañado por los médicos cordobeses Bernardo Serebrinsky y David Ostrovsky, organizan la Misión Médica Argentina que se instaló en el Hospital de Chamartín de La Rosa, en Madrid, para atender a pacientes con neurosis de guerra. Además, el médico psiquiatra mantuvo contacto con importantes líderes republicanos como Francisco Largo Caballero, José Miaja, Dolores Ibárruri -“La Pasionaria”-, entre otros, y brindó conferencias sobre psiquiatría a médicos, maestros y estudiantes españoles, hasta que decidió regresar a Córdoba a principios de 1938 luego de un recorrido por centros psiquiátricos de Suiza, Bélgica, Francia e Inglaterra para dar conferencias y entrevistas con el objetivo de pregonar la causa republicana.

Entre los integrantes de la Misión Médica también se encontraba Guillermo Delgado, un estudiante universitario cordobés que llega a España representando a la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) y a la Federación Universitaria Argentina (FUA).

Inmediatamente Delgado se pone en contacto con la juventud y el estudiantado españoles incorporándose como secretario de propaganda en el comité ejecutivo de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos (UFEH) y, mientras participaba en la organización de un congreso latinoamericano de estudiantes a realizarse en Valencia, escribía extensos artículos para los periódicos Córdoba y Crítica. El cordobés fue uno de los últimos argentinos en retirarse de España y acompañó a sus compatriotas cuando éstos fueron internados en el campo de concentración francés de Saint Cyprien.

Fanny y Bernardo Edelman
Entre las mujeres voluntarias se encontraba la militante comunista nacida en San Francisco (Córdoba) Fanny Jabcovsky –conocida como Fanny Edelman-, quien junto a su esposo, Bernardo Edelman, arribaron a España en septiembre de 1937. Determinados a apoyar la República en su lucha contra los generales golpistas, Bernardo Edelman se convirtió en corresponsal del periódico argentino La Nueva España e ingresó a la Juventud Socialista Unificada (JSU), mientras Fanny Edelman pasaba a formar parte del Socorro Rojo Internacional (SRI) como enfermera, en Madrid. Luego ambos se trasladan a Barcelona para realizar diferentes actividades en la retaguardia republicana, hasta que regresaron a Argentina en mayo de 1938, desde donde continuaron trabajando para ayudar al pueblo español.





El “comandante Ortiz”
Benigno Mochkofsky alías
"Comandante Ortiz"
Sin embargo, el cordobés que más se destacó en el conflicto español fue Benigno Mochkofsky, un obrero y delegado de la Internacional Comunista que combatió para el bando republicano bajo el seudónimo de «Comandante Ortiz». Estuvo en España desde 1934 como integrante del SRI y, apenas iniciada la Guerra Civil, se incorporó al 5º Regimiento como comandante y participó activamente en la conformación del Batallón Thaelmann, ingresando al Ejército Popular para comandar la XXIV Brigada. Siempre al frente de su tropa, el Comandante Ortiz participó en la defensa de Madrid y combatió en Talavera de la Reina, Toledo, Jarama, Brunete y el Ebro hasta la caída definitiva de Cataluña. Con la derrota de la República, Mochkofsky junto con otros argentinos debió cruzar los Pirineos hacia Francia, donde fueron internados en Saint Cyprien. Liberado del campo de concentración, regresó a Argentina en 1940 para trabajar como obrero metalúrgico, pero fue encarcelado junto a otros 250 militantes comunistas en la isla Martín García, entre 1944 y 1945.

Estos voluntarios cordobeses que marcharon a luchar por la República española lo hicieron a partir de su fuerte compromiso antifascista y para defender al pueblo de la rebelión militar. Pero no fueron los únicos: también marcharon desde esta provincia otros republicanos, comunistas, socialistas y anarquistas que vieron en España la necesidad de detener el avance del fascismo y el autoritarismo que luego conduciría a la Segunda Guerra Mundial. Es por ello que, a casi 75 años del fin de la Guerra Civil española, es importante rescatar a estos luchadores de la libertad.

* Licenciado en Historia. Ex docente de la cátedra de Historia Antigua de la Escuela de Historia de la UNC.

Publicado en COMERCIO y JUSTICIA: http://comercioyjusticia.info/blog/opinion/cordobeses-en-la-guerra-civil-espanola/